Chapter 102 of 150

Salmos102

Oración del pobre, cuando estuviere angustiado, y delante de Jehová derramare su lamento. JEHOVÁ, oye mi oración, y venga mi clamor á ti.

No escondas de mí tu rostro: en el día de mi angustia inclina á mí tu oído; el día que te invocare, apresúrate á responderme.

Porque mis días se han consumido como humo; y mis huesos cual tizón están quemados.

Mi corazón fué herido, y secóse como la hierba; por lo cual me olvidé de comer mi pan.

Por la voz de mi gemido mis huesos se han pegado á mi carne.

Soy semejante al pelícano del desierto; soy como el buho de las soledades.

Velo, y soy como el pájaro solitario sobre el tejado.

Cada día me afrentan mis enemigos; los que se enfurecen contra mí, hanse contra mí conjurado.

Por lo que como la ceniza á manera de pan, y mi bebida mezclo con lloro,

A causa de tu enojo y de tu ira; pues me alzaste, y me has arrojado.

Mis días son como la sombra que se va; y heme secado como la hierba.

Mas tú, Jehová, permanecerás para siempre, y tu memoria para generación y generación.

Tú levantándote, tendrás misericordia de Sión; porque el tiempo de tener misericordia de ella, porque el plazo es llegado.

Porque tus siervos aman sus piedras, y del polvo de ella tienen compasión.

Entonces temerán las gentes el nombre de Jehová, y todos los reyes de la tierra tu gloria;

Por cuanto Jehová habrá edificado á Sión, y en su gloria será visto;

Habrá mirado á la oración de los solitarios, y no habrá desechado el ruego de ellos.

Escribirse ha esto para la generación venidera: y el pueblo que se criará, alabará á JAH.

Porque miró de lo alto de su santuario; Jehová miró de los cielos á la tierra,

Para oir el gemido de los presos, para soltar á los sentenciados á muerte;

Porque cuenten en Sión el nombre de Jehová, y su alabanza en Jerusalem,

Cuando los pueblos se congregaren en uno, y los reinos, para servir á Jehová.

El afligió mi fuerza en el camino; acortó mis días.

Dije: Dios mío, no me cortes en el medio de mis días: por generación de generaciones son tus años.

Tú fundaste la tierra antiguamente, y los cielos son obra de tus manos.

Ellos perecerán, y tú permanecerás; y todos ellos como un vestido se envejecerán; como una ropa de vestir los mudarás, y serán mudados:

Mas tú eres el mismo, y tus años no se acabarán.

Los hijos de tus siervos habitarán, y su simiente será afirmada delante de ti.

Salmos 102 · KJV Audio
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